viernes, 24 de febrero de 2017

Soluciones sencillas


Cristina, en cuanto aficiones e intereses, es muy diferente a otras chicas de su edad. Pero resulta que  tiene problemas son comunes a otras adolescentes, por ejemplo, el desorden de su habitación.

No vale la pena decirle "recoge todo" ni indicarle una y otra vez lo desordenada que está su cuarto.  Ella necesita algo mucho más preciso.

En ocasiones, lo más difícil es buscar una solución sencilla para todos. Pero esta vez parece que la hemos encontrado: Contamos delante de ella las cosas que están mal. El número total -de lo que nosotros llamamos errores- puede estar rondando el infinito pero el resultado final, una vez todo colocado en su sitio, siempre debe ser "0 errores".

En esos casos en que hay demasiado desorden es necesario volver varias veces a repasar y volver a contar. Pero que el número vaya decreciendo le motiva bastante.

Cuando por fin llegamos al mínimo tolerado, le felicitamos, ella queda muy contenta y esperamos al día siguiente...


viernes, 16 de septiembre de 2016

Un prospecto incompleto

Cristina nos dijo ayer que le dolía un muela y la cita que teníamos para el dentista es dentro de unos días. Para que estuviera tranquila pensamos en darle alguna medicina, pero cuál. Ya tiene casi 16 años y las cosas que se nos ocurrían eran disueltas en agua.

Ya conté en una entrada antigua los problemas que teníamos con ella para tomar cualquier líquido que no fuera agua. Acudí a la farmacia y allí me dieron la solución: un medicamento liquido pero que se podía tomar de un solo trago.

Después de comprarla nos pusimos a la tarea de anticiparle cómo era la medicina y cómo se la tenía que tomar, recalcándole que era líquida. Esperábamos toda clase de quejas, sin embargo lo único que preguntó fue: -"¿De qué sabor?"

Como nos dejó sin palabras, cogí el prospecto por si el fabricante había caído en la cuenta de indicar ese detalle tan importante, pero no.

De todos modos, como Cris es una chica valiente y decidida se la tomó como se lo habíamos explicado.

lunes, 27 de junio de 2016

Felicidad contagiosa


Por fin llegó el último día de clase. Aunque Cristina va muy contenta al colegio el final de las clases lo estaba esperando con ansiedad.

Su madre y yo le estábamos esperando en la puerta, hablando de cosas serias. Pero se nos cambió la cara cuando la vimos aparecer con su eterna sonrisa, pero esta vez, casi se le escapaba una carcajada por la alegría que sentía.

Tanto nos contagió su alegría que nos pusimos todos a dar saltos de felicidad en el dintel de la puerta.

La felicidad de Cristina es contagiosa, seguro que ella no se da cuenta pero hacer felices a los demàs  es una de las cosas que mejor hace.



martes, 4 de noviembre de 2014

Versiones de un clásico

Cristina todos los días hace un dibujo, está entretenida y además es una buena forma de ver por donde marcha su imaginación. Casi siempre tiene que ver con cosas que ha visto o que ha aprendido.

El otro día  se decidió a inventarse un cuento: "La otra historia de Caperucita Azul y un duendi"
El título  me creó varias dudas:
- "¿La otra historia? ¿Hay un cuento de caperucita azul y ahora es necesario contar otra versión?"
- "¿Duendi? ¿No será duende?"
La primera no me supo responder. La segunda me dejó claro que sí, era Duendi y además amigo de Caperucita.

Al día siguiente siguió escribiendo el cuento pero Duendi ya no volvió a aparecer, según ella porque se había convertido en el narrador. Hoja por hoja, hasta ocho en total, dibujó y escribió una pequeña aclaración sobre el dibujo.

Cada hoja que dibujaba, "La otra historia de Caperucita Azul" se iba pareciendo más y más al clásico cuento de su homónima roja. Pero con un par de diferencias: No había lobo, sino un ladrón. Tampoco abuela, pero sí abuelo.

Ni Charles Perrault, ni los Hermanos Grimm, se inventaron de la nada el cuento de Caperucita Roja. Más o menos hicieron lo de Cristina:  Cambiar ciertos detalles.


viernes, 24 de octubre de 2014

Decisiones difíciles

La carencia de imaginación y la incapacidad de ponerse en el lugar del otro son dos dificultades que suelen tener  las personas con autismo. Cristina las manifiesta pero va mejorando aunque sea por pillería.

Le gusta esconder cosas para que los demás no las veamos, bien porque  le parece gracioso o bien porque si lo esconde se va a librar -por ejemplo- de hacer la tarea.

Los escondites que elige son siempre los mismos o tan evidentes que no hay peligro de que se libre de nada. Sin embargo he empezado a preocuparme. Casi todos los días hace un poco de tarea y necesita tres cosas: un libro para leer, un cuaderno donde escribir y el estuche con los lápices.

Cuando fui a a por ellos no encontré ninguno. Busqué en los escondites habituales y sólo encontré una de las tres cosas, esforzándome un poco más encontré la segunda, pero no los lápices que no pude saber dónde estaban.

Asombrado de su esfuerzo y de su buena idea de esconder por separado los objetos dudé qué hacer: felicitarle o castigarle. Una difícil decisión. Finalmente encontré otro estuche y le dije a Cristina: -"Hoy estaremos más tiempo haciendo la tarea"  De forma inmediata fue a buscar los lápices y así librarse de un rato más trabajando.

viernes, 17 de octubre de 2014

Una vida sencilla

Cristina, como supongo que otros niños con autismo, es de costumbres fijas también para comer. Hay alimentos que se niega a probarlos o incluso algunos que tiene que comerlos de una forma determinada.

Por eso parece que ha hecho un  descubrimiento asombroso que además ha compartido con nosotros:  Hasta ahora yogures y galletas se comían por separado, pero acabamos de descubrir que también se pueden mezclar.

Esta última novedad nos la ha mostrado Cristina varias veces esta semana: -"¡Mira papá!" mientras zambullía la galleta dentro del yogur para darle luego un gran bocado.

Nunca se había ocurrido pensar que una cosa así pudiera ser digna de mención o, que como en el caso de mi hija, fuese de tanta alegría y sorpresa como ha sido para ella. Sin embargo Cristina todavía  nos enseña de vez en cuando  a descubrir la sencillez de la vida en esos felices hallazgos.